Desafíos de invierno en la producción avícola: cómo proteger el ambiente y la salud de las aves

El invierno representa uno de los períodos más exigentes para la producción avícola intensiva. A medida que las temperaturas disminuyen, los sistemas productivos tienden a reducir la ventilación para conservar calor dentro de los galpones. Sin embargo, esta práctica genera nuevos desafíos que muchas veces tienen un impacto silencioso sobre la salud de las aves y sobre los resultados productivos del lote.

Uno de los principales problemas asociados a los meses fríos es el deterioro de la calidad del aire. En galpones cerrados o con menor renovación de aire, los niveles de amoníaco tienden a incrementarse debido a la acumulación de gases provenientes de la descomposición de la materia orgánica presente en la cama. Este fenómeno no solo afecta el confort de las aves, sino que también puede comprometer la integridad de las vías respiratorias y aumentar la susceptibilidad frente a distintos desafíos sanitarios.

Por este motivo, uno de los primeros objetivos durante el invierno debe ser el control de las emisiones de amoníaco. La reducción de estos gases permite mejorar la calidad del aire que respiran o la calidad del ambiente donde se encuentran las aves de manera permanente y contribuye a sostener mejores condiciones de bienestar animal. Actualmente existen herramientas específicas orientadas a disminuir la liberación de amoníaco desde la cama, ayudando a mantener niveles más bajos dentro del galpón y reduciendo el impacto negativo sobre la producción.

A este desafío se suma un segundo factor crítico: la humedad. Durante el invierno es frecuente que se produzcan fenómenos de condensación dentro de los galpones debido a las diferencias de temperatura entre el interior y el exterior. Como consecuencia, las camas tienden a retener más humedad y pierden calidad con mayor rapidez. Cuando esta situación se prolonga en el tiempo, aumenta el riesgo de lesiones podales, dermatitis y otros problemas asociados al contacto permanente con superficies húmedas.

Frente a este escenario, resulta fundamental trabajar sobre la calidad de las excretas y sobre la fisiología digestiva de las aves. Una digestión eficiente permite reducir el contenido acuoso de la materia fecal y contribuir al mantenimiento de camas más secas y estables. Dentro de las estrategias disponibles, la modulación del tránsito intestinal aparece como una herramienta de gran valor para favorecer una mejor consistencia de las excretas y disminuir la liberación de humedad al ambiente.

El invierno también obliga a prestar especial atención a la calidad de las materias primas utilizadas en la alimentación. Una parte importante de los granos y subproductos disponibles durante esta época proviene de períodos prolongados de almacenamiento, situación que incrementa el riesgo de contaminación por micotoxinas. Estos compuestos representan uno de los desafíos más importantes para la salud animal debido a su capacidad de afectar distintos órganos y sistemas, especialmente el hígado.

Por esta razón, el monitoreo permanente de micotoxinas debe formar parte de cualquier programa de manejo invernal. Conocer los niveles presentes en las materias primas y en los alimentos terminados permite tomar decisiones preventivas y reducir el impacto sobre el desempeño productivo.

Además del control analítico, resulta importante acompañar fisiológicamente al ave para minimizar los efectos que estas toxinas pueden generar sobre el metabolismo. El hígado cumple un papel central en los procesos de detoxificación y suele ser uno de los órganos más afectados frente a este tipo de desafíos. Por ello, durante los meses de invierno cobra especial relevancia el uso de herramientas nutricionales orientadas a sostener la función hepática, favorecer la actividad metabólica y ayudar al organismo a enfrentar condiciones de mayor desafío.

En definitiva, los desafíos invernales en producción avícola van mucho más allá de mantener la temperatura dentro del galpón. La calidad del aire, el control de amoníaco, la humedad de la cama, la salud intestinal y la prevención de problemas asociados a micotoxinas forman parte de un mismo sistema donde cada variable influye sobre las demás. Trabajar de manera integral sobre estos factores permite proteger el bienestar de las aves, sostener la productividad y atravesar los meses más fríos con mejores resultados técnicos y económicos.

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