Diarreas en granjas avícolas: recuperar la fisiología digestiva para mejorar productividad y ambiente

En producción avícola, un desequilibrio intestinal rara vez queda limitado al tracto digestivo. Cuando la absorción pierde eficiencia y aumenta el contenido acuoso de las excretas, el impacto se traslada rápidamente al desempeño productivo, a la calidad de la cama y al bienestar del lote. Cristian Carusso, del equipo técnico de BeFeed, explica cómo la modulación del tránsito intestinal permite recuperar la fisiología digestiva y traducir esa mejora en resultados concretos dentro del galpón.

Cuando el intestino pierde equilibrio, el primer efecto aparece sobre uno de los puntos más sensibles de la producción: la capacidad del ave para absorber nutrientes de manera eficiente. La dieta puede estar correctamente formulada, con niveles ajustados y pensada para responder a una determinada etapa productiva, pero si el sistema digestivo no está funcionando dentro de parámetros fisiológicos normales, gran parte de ese aporte deja de aprovecharse como debería. En ese momento empieza a aparecer un cuadro de mala absorción que afecta directamente el rendimiento del lote y limita la respuesta productiva esperada.

Ese deterioro digestivo no tarda en hacerse visible. A nivel de performance comienzan a observarse pérdidas de eficiencia, menor aprovechamiento nutricional y una evolución menos uniforme entre aves. Pero además del impacto productivo aparece un segundo efecto que muchas veces se vuelve igual de relevante: el aumento de humedad en las excretas. Cuando la digestión pierde estabilidad y el intestino acelera su tránsito, la materia fecal retiene más contenido acuoso y eso modifica rápidamente las condiciones ambientales dentro del galpón.

A partir de ahí la cama empieza a recibir una carga de humedad mayor a la esperada, pierde calidad y se transforma en un punto crítico dentro del manejo. Ese exceso de humedad favorece deterioro del ambiente, mayor presión microbiana y un escenario donde comienzan a aparecer otros problemas sanitarios asociados. Entre ellos, las lesiones podales y dérmicas ocupan un lugar especialmente importante, porque además de afectar bienestar animal pueden predisponer a infecciones secundarias y comprometer todavía más la estabilidad del lote.

Frente a este tipo de cuadros, una de las herramientas fisiológicas más importantes es la modulación del tránsito intestinal. El objetivo no es enlentecer el sistema digestivo de manera indiscriminada, sino corregir velocidades de tránsito aceleradas y devolverlas a un rango fisiológico donde el intestino pueda volver a cumplir su función de forma eficiente. Cuando la ingesta atraviesa demasiado rápido el tracto digestivo, el tiempo de contacto con la mucosa intestinal se reduce y disminuyen las oportunidades de digestión y absorción. Al recuperar ese tiempo fisiológico, el intestino vuelve a disponer del margen necesario para procesar mejor los nutrientes y mejorar el aprovechamiento de la dieta.

Ese proceso también ayuda a sostener el equilibrio del ecosistema intestinal y a limitar condiciones que favorecen desequilibrios microbianos o colonización de patógenos. Por eso, el beneficio de modular el tránsito no se limita únicamente a digestibilidad: también mejora la estabilidad general del ambiente intestinal y favorece una respuesta digestiva más consistente.

Desde el punto de vista técnico, este efecto puede medirse con precisión mediante el uso de trazadores incorporados en la dieta. Se trata de compuestos inertes que no se metabolizan ni se transforman dentro del organismo y que, una vez eliminados en las excretas, permiten ser evaluados en laboratorio. A partir del tiempo de aparición y de la cantidad excretada es posible construir curvas de tiempo y concentración para entender exactamente cómo responde el tránsito intestinal frente a una dieta determinada o frente a la incorporación de un modulador.

Esta información permite objetivar el efecto fisiológico y validar técnicamente cómo impacta una herramienta dentro del tracto digestivo. Y cuando ese efecto se confirma en campo, los resultados suelen observarse rápidamente en variables muy concretas.

En gallinas ponedoras comerciales y también en reproductoras, una mejor modulación intestinal y una menor humedad en materia fecal se traducen en una reducción de huevos sucios, una variable que tiene impacto económico directo y que influye diariamente sobre la calidad del producto final.

En parrilleros, el beneficio también es muy claro. Al disminuir el contenido acuoso de las excretas se mantienen camas más secas y estables, mejora el ambiente del galpón y se reduce la aparición de lesiones podales como pododermatitis y otras afecciones vinculadas al exceso de humedad.

En definitiva, recuperar la fisiología digestiva significa devolverle al intestino sus condiciones normales de funcionamiento. Significa mejorar la absorción, aprovechar mejor cada nutriente formulado y reducir al mismo tiempo el impacto ambiental que genera una digestión desequilibrada. Y en un sistema intensivo donde digestibilidad, bienestar y productividad están profundamente conectados, trabajar sobre la modulación intestinal termina siendo una herramienta estratégica para sostener eficiencia y mejorar el resultado productivo de manera integral.

 

 

Fuente: Engormix

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